Días 11-14. Viaje al centro de la Tierra.

13 al 16 de febrero de 2019.

Rotorua – Lake Okaro – Waikite Valley
Dunham Point Reserve –
Pureora. Dp = 116,98 Km. Dt = 463,17 Km.

Con nuestra ya habitual parsimonia, abandonamos la casa de John a mediodía y a la calurosa despedida le sigue un caluroso inicio de etapa. Merodeamos por el bosque de Redwoods antes de tomar la trail hasta Lake Okaro. Al día siguiente teníamos una cita con la señorita Knox a las 10:15 (así es como llaman al géiser en el parque termal de Waiotapu). Esta vez dejamos las bicicletas para ejercer de auténticos turistas y acudimos al breve espectáculo donde a través de un tensoactivo (o jabón pa los amigos) se fuerza artificialmente la reacción del géiser que de otra manera solo podría observarse de forma natural esperando unas 22 horas de media. Se oyen algunas exclamaciones de sorpresa al ver como el chorro de agua empieza a ganar altura, y tras diez segundos, el chorro desaparece y el graderío lleno de cámaras y hasta algún trípode se vacía de inmediato cual rebaño de ovejas. ¡A otra cosa!. Y bueno, en este caso se puede entender, porque el olor a azufre no invita a quedarse a hacer un picnic.

El resto del parque consiste en caminar por varios circuitos visualizando una serie de fenómenos volcánicos que no dejan a nadie indiferente. Burbujas de agua hirviendo por todas partes, colores extraterrestres debidos a minerales procedentes de las profundidades tectónicas. Azufre, antimonio y arsénico nos brindan amarillos, naranjas y verdes en un amplio rango de intensidades. Más adelante, una especie de alga encuentra su hábitat en las calientes aguas de un lago, tiñéndolo de un color verde también bastante característico. Ante tal espectáculo, no me extraña que los maoríes denominarán al lugar como “Aguas sagradas” (significado de Wai-O-Tapu en te reo).

Satisfechos con haber visitado una de las zonas volcánicas más activas del mundo, nos despedimos de Waiotapu visitando las “mud pools” o piscinas de barro hirviendo, en donde echamos un rato viendo explosiones de barro burbujeante. ¡Qué misterioso lugar éste nuestra Tierra! y nos preguntamos de donde vendrá tal fuente de energía que parece interminable…

El único camping a mano también toma ventaja del calor terrestre para ofrecer a sus clientes una serie de piscinas termales al lado de un pequeño barranco por el que discurre un río de agua hirviendo. El vapor procedente del río ya nos llama la atención en los últimos metros de bicicleta y no deja de estar presente en la caminata al lado del barranco. Por la noche, la cantidad de vapor aumenta con las bajas temperaturas, y junto con la luna llena, nuestra tienda es envuelta por un misteriosa nebulosa blanca en mitad de la noche. Lástima que no tengamos una Nikon como todo hijo de alemán para compartir ese momento.

En la mañana del día siguiente, la tienda y la ropa que habíamos dejado en el tendedor están empapadas como si hubiese llovido. Desayunamos mientras todo se seca. Cuando salimos son las 11 del mediodía de nuevo, y una vez más, nos prometemos que el día siguiente saldremos antes.

En busca de la “Timber Trail”, ruta que nos había recomendado John, emprendemos el camino hacia el lago Whakamaru. Después de hacer fotos a una lago con un pequeño muelle rodeado de nenúfares, la carretera se convierte en un tedioso camino de gravilla cuesta arriba. Se empiezan a oír nuestros derrapes y nos vemos forzados a bajar de la bici más de una vez. ¡Maldita sea! Más vale que la “Timber Trail” merezca la pena. Entrenamos nuestra paciencia y constancia durante un buen rato hasta que parece que el terreno se allana definitivamente. Creo que a la izquierda vislumbramos ya el monte Pureora cuya cima rozaremos los días siguientes. ¡Se anuncian cuestas!.

Acampamos cerca de lago Whakamaru y al día siguiente pararemos en Mongakino para hacer una colada y comprar algo de comida. Esa noche llegamos al camping de Pureora donde nos espera una simple zona de césped verde rodeada de vegetación, una fuente y un baño seco. Un montón de niños se lo están pasando pipa yendo de un sitio para otro con sus bicicletas o jugando entre los árboles. Ya instalados en el camping, nos dará envidia sana el asistir a ese espectáculo de felicidad infantil en medio de la naturaleza y comandada por la imaginación de los niños. ¡Aquí no hace falta la Play Station! Llegamos tarde, así que no hay tiempo para “charrar” o “pillar capazo” como decimos en Huesca, pero nos hubiera gustado estar más tiempo con la familia del que parecía el hermano de Felix Riebl. Risueño y agradable parecido. Ducha fría al estilo Ortlieb (con bolsas de agua), cena a oscuras y a dormir, que mañana nos espera el bosque de la “Timber Trail”.

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4 comentarios sobre “Días 11-14. Viaje al centro de la Tierra.

  1. Chicos qué maravilla. Paula me encanta tu forma de expresar todas esas vivencias, las descripciones, los paisajes…. Cuando termineis vuestra aventura, tienes que plasmar todo eso en un libro. Muchos besos y cuidaros un montón. Abrazos a los dos y cariños😍😍😍😍

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